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Michael Bolton. MADRID 96.


(26/3/96 – 27/3/96). MARTES Y MIÉRCOLES.

         El concierto fue en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, un edificio bonito y bastante grande, vista desde fuera la cara frontal. Llegamos en metro, (María me acompañó). La noche estaba calurosa y hacía un poco de viento. Todo el día había sido maravilloso y la noche seguía típicamente primaveral.

         Al acercarnos a la zona, había gente vendiendo camisetas de Michael Bolton (con la imagen del sombrero, y algo más por detrás), a 1.000 pesetas cada una, pero no las compré. Al llegar a la puerta, me despedí de María José y comenzó el espectáculo. A la entrada, había vallas de hierro, amarillas (creo) para que entrásemos en fila. Un chico me pidió la entrada (estaba a mi izquierda) y yo no me daba cuenta; se la enseñé, pero no me la cortó. Un señor mayor vendía chicles de distintos sabores por 100 pesetas a la gente que iba entrando entre la fila de vallas. Entré y me indicaron que fuese a la izquierda y al fondo. (Antes, ya en el interior del Palacio, me habían cortado una parte de la entrada). Me dijo un chico que no estaban numeradas, que me sentase donde quisiese, pero, si me iba muy abajo, ya no podía regresar; tenía que dar la vuelta. Pregunté a una señora si había un sitio libre a su lado, bastante abajo, y me senté, pero me di cuenta de que no había pagado 4.000 pesetas para verlo desde tan lejos. Subí otra vez, di la vuelta, bajé por otro pasillo y me puse en la zona más cercana al escenario, de pie. Estaban dos tías viejas y feas cerca de mí, sobre todo una, y junto a ellas había conseguido un buen sitio. Luego llegó un chico alto, rubio y muy guapo, acompañado de una chica típicamente americana, y el chico era tan alto que no me dejaba ver bien, pero fue muy amable y una vez comenzado el espectáculo pude ver todo el concierto muy bien. Llegaron unas chicas inglesas o americanas y una de ellas, guapa de ojos azules, y camiseta de rayas horizontales azules y blancas, tuvo un incidente con la más fea de las “abuelas”, pero todo quedó en paz. La chica inglesa del top de rayas les decía a sus compañeras: “Can you believe this?”. Esto sucedió una vez hubieron terminado su actuación los teloneros, a eso de las 21:30, unos chicos de color que cantaban muy bien, en plan soul y funky, bailando mucho. No sé cómo se llamaban. Se despidieron dando las gracias a Michael Bolton y dando comienzo a su espectáculo.

 

         (Antes de entrar, me había comprado un póster, ya en el recinto cubierto del Palacio, a la entrada, y, a pesar de que vi camisetas muy bonitas, me parecieron caras y entré sin comprar ninguna). El póster me estorbaba para aplaudir y sacar fotos. Lo até al lado derecho de la gabardina, a la presilla y sobrevivió muy bien todo el concierto, aunque parezca increíble.

 

         A las 22:20 empezó. Salieron todos y un momento después Michael Bolton, cantando “Can I Touch You...  There?”. Lo primero que les dije a las viejas fue: “¡Qué bueno está!”. Tal y como sale en las revistas y en los videos.

 

         Llevaba un vaquero azul claro, con un cinturón negro y que tiene la punta metálica. No le vi los zapatos en todo el tiempo. Llevaba una chaqueta lila, de un tejido aterciopelado, que le quedaba como un guante. Llevaba en el lado izquierdo del pecho un broche plateado que no sé qué forma tenía (parecía un broche muy lujoso). Por debajo llevaba una camisa blanca, como la de los Grammy del año 90, con ese cuello alto de atrás y solapas cerradas. Tenía uno o dos de los primeros botones desabrochados. Llevaba el pelo muy bonito y brillante, atado atrás en un moño que le recogía parcialmente el pelo. El pendiente de su oreja izquierda brillaba mucho, al igual que su broche. No llevaba reloj, ni ninguna otra joya.

 

         Yo estaba más bien a la derecha del escenario, pero cerca del centro del mismo. Michael se paseaba de un lado al otro continuamente, a fin de que todos pudiésemos verlo bien.

 

         Las tres chicas estaban situadas a la izquierda del escenario, derecha de Michael, hacia atrás. Vann Johnson en medio, Janis Liebhart a la derecha de Vann, y la otra, de pelo corto y pelirrojo, que se llamaba Catte, estaba a la izquierda de Vann Johnson. Me parecía nueva, aunque luego, en el libro de Michael, la trae, sólo que con el pelo más largo.

 

         Atrás estaba el batería, Mugs Cain, y antes del comienzo del concierto, mientras mucha gente trabajaba poniendo cosas en el escenario, vi a uno o a una pasando con un instrumento dorado, con un pie, y del que colgaban hilos también dorados (muy gruesos para ser hilos), que hacían el ruido característico del comienzo de “Once In A Lifetime” (un sonido de estrellas); además, también colocaron una escalera, y se subieron al lado izquierdo y derecho del escenario en su parte delantera (esquinas delanteras), tanto del lado izquierdo como del derecho. Era una altura considerable, y parecía un trabajo peligroso. Mucha gente joven trabajaba montándolo todo, y muchos de ellos tenían el pelo largo y rizado, más que Michael. Vestían con vaqueros y largas camisetas sacadas por fuera. Mientras tanto, gente con las típicas bandejas americanas colgadas al cuello vendía agua por dentro del Palacio. Las luces blancas estuvieron encendidas durante todo el tiempo de espera. Un trabajador se llevó el micrófono de su soporte (el de Michael) y varias veces se acercó, para ver si estaba bien regulada la altura de dicho soporte, que se encontraba en el medio del escenario y por el cual nosotros nos guiábamos para colocarnos y ver bien a Michael. (El hombre debió de acercarse como cuatro veces, siempre al soporte vacío, para comprobar si estaba a la altura adecuada).

 

         Las tres chicas iban vestidas igual, en distintos colores, en trajes que parecían de plástico, y eran de colores lisos (uno de cada color). El de Vann era dorado, el de la del pelo corto y pelirroja era azul y el de Janis era rosa. Cuando la canción lo exigía, al tiempo que cantaban movían las manos en perfecta armonía, de forma acorde con la música.

 

         A la izquierda del escenario (derecha de Michael) y delante de las chicas, estaba el saxofonista, y a la derecha del escenario (izquierda de Michael), el teclista y el guitarrista (Chris Camozzi). Por el medio del escenario andaba el bajista, que era de raza negra y tenía una cola bastante larga de pelo atada atrás. Este músico llevaba puesta una camiseta de color verde limón. Recuerdo que el saxofonista también tocaba los teclados y cantaba, por lo que debía de haber otros teclados a la izquierda del escenario, o sea, a la derecha de Michael, manipulados de vez en cuando por el saxofonista, que llevaba puesta una especie de boina. Arriba, al lado del batería, estaba el percusionista, (a la derecha del batería), también de raza negra y muy simpático, delgado y alto, y que durante el concierto (creo que fue la primera parte), cuando Michael Bolton los presentó a todos, Michael dijo que este hombre tocaba instrumentos raros, novedosos, y Michael dijo: “éste es mi favorito”, le llamó el “tambor hablador”, o algo así, y, poniéndole el micro cerca, el otro se puso a arrancar aplausos al ritmo del público. Sacó acto seguido una muñeca, pequeñísima, que tocaba el xilófono, o algo así, y dijo “ésta es mi novia”, y Michael le hacía el juego, se reía y le acercó el micrófono después de que el otro (Steve Scales) le diese cuerda a la muñeca.

 

         Michael, lo primero que dijo, fue: “Good night” y, seguro que dijo: “Muchas gracias, Madrid!. Thank you so much!”. También dijo que ésta era la primera vez que estaban en España, en Madrid, y dio las gracias a todos por estar allí. A lo largo del concierto, preguntó dos o tres veces si lo estábamos pasando bien.

 

         Estiraba el micrófono, para que la gente cantase con él. Muchas veces le tiraron cosas, incluso, avanzado el concierto, un sujetador negro, que no tocó ni miró, pero se quedó con cara de asombro, y medio de reproche. En las primeras ocasiones, cogía lo que le tiraban, lo tenía un poco en las manos (o sobre el hombro, como hizo con una cazadora vaquera), y luego los tiraba al mismo sitio desde donde se los habían lanzado, más o menos. En una ocasión le lanzaron una toalla grande, de rizo (parecía blanca), se secó el sudor con ella, y la volvió a lanzar. 

         La primera canción fue: “Can I Touch You... There?”. La última (bis incluido): “Lean On Me”. Además, cantó: “The Dock Of The Bay (Sittin´On)”, “Soul Provider”, “How Am I Supposed To Live Without You”, “How Can We Be Lovers”, “When I’m Back On My Feet Again”, “Love Is A Wonderful Thing”, “Missing You Now”, “We Are Not Making Love Anymore” (la cantó Vann Johnson sola, mientras Michael estaba atrás, fuera del escenario), “Steel Bars”, “I Found Someone”, “A Love So Beautiful” (desde arriba del escenario, todo el tiempo que duró la canción); se pusieron unas chicas sobre el hombro de sus novios delante, y no vi muy bien, aunque lo que más me impedía ver eran los altavoces y los artilugios que tapaban a Michael. También cantó, después de cambiarse (tiempo en el cual hubo una actuación instrumental de los músicos, sin las chicas, y después Vann Johnson. ¡Qué sonido tan alucinante, siendo un poco cada músico protagonista!). También cantó “Nessun Dorma”, dijo que había sido invitado a cantar con Pavarotti, y sacó a una voluntaria, la sentó en una silla, frente a él y de espaldas al público, en la esquina de la izquierda del escenario, lejos de mi vista, aunque pude ver algo. Todo el tiempo mirándola, cantando para ella, con una voz muy, muy potente. Le dio dos besos al llegar y dos al acabar. Le preguntó el nombre: Susana, y él lo repitió bien. Era el cumpleaños de la chica y le cantamos todos en inglés; Michael miró a los músicos, les dijo en inglés que era el cumpleaños de la chica y empezaron. El también se lo cantó, claro, y dijo: “Happy Birthday, dear Susana, happy...”. (Se acordaba del nombre, aunque ya hacía un ratito que se lo había dicho). Dijo al público Michael que esta canción era de ópera y requería algo íntimo, que él iba a tener con la voluntaria, y que, además, estaba bien, porque era su cumpleaños. Cuando acabó de cantar, le cogió la mano e inclinó la cabeza ante ella. Se rió Michael en voz alta (soltó una risa sonora de las suyas) cuando bajó la chica, y continuó. 

         Tras cambiarse de ropa: ahora con gorra negra, sin nada (que se viese) grabado en ella, camiseta ceñida negra de manga corta, que resaltaba sus brazos torneados y musculosos en algunas poses; y un chaleco negro, abrochado y de tela como de forro, pero no de lentejuelas, ni de nada excesivamente brillante, con una especie de hebilla abajo, como la mayoría de los chalecos. Los vaqueros eran los mismos. Ahora parecía que tenía el pelo suelto. También se veía una especie de pequeño aparato negro, con una antena levemente estirada (una antena igual a la de una radio). Lo llevaba prendido del cinturón o del vaquero, por detrás, en el lado derecho; llevaba un aparato metido en el oído derecho que le ocupaba todo el hueco de la oreja, parecido a un sonotone. 

         Al empezar a cantar “Time, Love And Tenderness”, dijo algo de “Hold On!...”, gritando, como lo que tengo en la versión en directo de esta canción, en el CD single “Lean On Me”, luego, salió un montón de gente, colocada a ambos lados del escenario, tras el teclista y las chicas; había hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que iban con túnicas de color lila con una franja dorada vertical y muy ancha por delante. 

         Al presentar a las chicas, que fueron las últimas en ser presentadas, Michael dijo: “And The Ladies...”, mirándolas. 

         Hubo una escena muy cómica, con el saxofonista, Joe Turano, en la que sacó una nariz roja, que dijo que era de Madrid, y que llamaban la nariz cantarina, o algo así. Michael le acercó el micro y el otro se puso la nariz y trató de hacer su propósito, o sea, emitir algún sonido, pero no le salió nada, y a Michael le dio tanto la risa que se retorció hacia delante, intentando seguir dejando el micro cerca del otro. A la segunda intentona, hizo un ruido raro, como un pitido, con la nariz (el otro, no Michael), y Michael se desternilló de risa por segunda vez. Tiene una risa lenta, pausada y profunda, ronca como su voz.      

         Le llamamos todos “¡Torero, torero...!” muchas veces, y él miraba hacia atrás, sobre todo al batería, y se reía mucho, con su risa tan hermosa y daba las gracias. Mientras se reía, caminaba un poco a su alrededor, de delante hacia atrás y vuelta. Estaba desconcertado, no sabía qué hacer.

         Al cambiarse de ropa, se sentó en un taburete (que después quitó rápidamente un trabajador una vez Michael se levantó y terminó la canción), cantó, pues: “How Am I Supposed To Live Without You”, todo el tiempo sentado. 

         Se marcharon, por el lado derecho del escenario, y a Michael se le pegó rápidamente un señor que le acompañó. Hicimos: “oé, oeoeoe...  oé, oé...  oé, oe, oe, oe, oé...”. Creo que volvimos a hacer amago de llamarle “torero”, pero no fue mucho tiempo, y también sé que en una ocasión llamamos a “Michael, Michael”, no sé si fue en esta ocasión, o al principio del concierto (antes de que apareciera), o en las dos ocasiones. 

         Tras el bis, apareció de repente en el aire su voz, cantando: “When A Man Loves A Woman...”, y se iluminó una leve luz desde atrás y desde arriba, más bien en tonos azulados, y que no dejaba verle la cara ni los ojos, pues la visera le dejaba fuera de la luz que venía justo encima de él. Estaba recostado, sobre el lado izquierdo, y así cantó. 

         En varias ocasiones, Michael se inclinaba hacia atrás, cantando, girándose hacia la derecha, para cantar con mucha pasión, arrancando las notas desde lo más profundo de su ser. Con la derecha cogiendo el micro y levantando la mano izquierda, bastante abierta, como hace en el video de los Grammy, y que es su forma característica de cantar, actuar e interpretar. 

         En una ocasión, sentado, cantando “How Am I...” o “Lean On Me”, (creo que la primera), agarró el palo del micrófono por abajo y lo estiró hacia el público, continuando sentado. (Hice una foto de esta imagen, pero no salió). 

         También cantó “Said I Loved You...  But I Lied”. Cuando cantó “How Can We Be Lovers”, acababa de finalizar la anterior y dijo: “How can we be lovers, Madrid, if we can´t be friends”. 

         Al final, Michael cogió de un soporte una guitarra eléctrica lacada en negro y marrón oscuro, preciosa, y se puso a tocarla, apretando los labios como un gran rockero, y torciendo las piernas como hacen los rockeros, poniéndose de lado y tapándonos la guitarra, levantando (encogido) un poco el muslo y la pierna izquierdos. Luego se le acercó el guitarrista, y Michael hizo gestos (no explícitos) como de que era este último, y no él, el experto. 

         Al final de una canción, acabó haciendo una especie de giro y levantando la mano derecha abierta, con la palma hacia arriba, como si lanzara algo al público, y así se quedó. Quitaron todas las luces un segundo, se volvieron a oír enseguida, en forma de un relámpago, y la gente aplaudió mucho, a rabiar. 

         Michael, a veces, al acercarse al público, sobre todo en la zona derecha (la cual me permitía sacar las mejores fotos), apoyaba la mano izquierda, abierta, en su muslo izquierdo. También lanzó una cosa de una patada hacia el público. En otra ocasión, lanzó una cosa de espaldas y con fuerza, creo que era una camisa de cuadros.        

         A la definitiva marcha de todos, se pusieron todos en medio, abrazados (Michael más bien a la derecha de la fila, no justo en el centro). A su lado, Vann Johnson, (a su izquierda), y, a su derecha no recuerdo. Esperaron un momento, recibiendo los aplausos y luego se agacharon todos a la vez, saludando. Dijeron todos adiós y se marcharon, bajando por una escalera que estaba oculta, justo en medio del escenario, pasando por debajo de las dos baterías que había arriba: en la de la derecha, según se miraba, tocaba Mugs Cain, el batería. Eran, en total, diez personas (con Michael incluido). No se quitó la gorra, y miraba al infinito, hacia su derecha. 

         Dijo: “Gracias, Madrid”, y “You are the best”. También dijo que habíamos sido geniales con ellos: “You´ve been (wonderful/amazing/great) with us. Thank You!”. (Esto fue, creo, antes del abrazo y de que todos se despidiesen, como posando para las fotos, que sí se disparó algún flash). Luego, todos fueron bajando las escaleras, diciendo adiós, y el percusionista fue el último en bajar y movía los hombros sonriendo; iba muy contento por cómo había salido todo.

         Quedó solo en el escenario Michael. Lentamente, se dirigió de un lado al otro, mirando a lo lejos y levantando la mano, lo mismo en una esquina que en la otra del escenario. Cuando llegó al lado derecho  del escenario, movió algo la mano, como tratando de decir adiós, tímidamente, pero sin hacer el gesto del adiós con energía, que daba a entender que era que estaba, no sólo saludando con la mano levantada, sino que decía adiós, se despedía. Acto seguido, e inundado el Palacio en una multitud de aplausos, se dio la vuelta, y bajó, lentamente, mirando hacia abajo para ver dónde pisaba al bajar los escalones. El cañón lo enfocaba, y su pelo rubio brillaba bajo las luces, mientras, de espaldas, bajaba la escalera, lentamente, sin prisa. 

         Se apagaron las luces, todas, y la gente volvió a silbar, y a pedir otra, otra. Todo el mundo seguía aplaudiendo, enfervorizadamente, regalando con su aplauso el inmenso talento y amor por la música de Michael Bolton y de toda su banda. 

         Se encendieron las luces blancas y empezó a oírse música de fondo (que me parecía la voz de Michael, pero yo no conocía esa canción). La gente salía. Yo miré desde arriba, y la gente ya estaba (en cuanto se apagaron todas las luces, antes de que se encendieran las blancas del techo) trabajando en volver a desmontar todo el escenario. 

         El escenario era abierto por detrás, si bien durante el concierto hubo unas cortinas plateadas (al principio de todo), y luego un decorado de una ciudad, que creo usó para interpretar “Dock Of The Bay”. Todo el escenario, visto desde arriba, era cuadrado, y el techo estaba casi tapado, de tantos focos enormes que había. Estaba apoyado en cuatro columnas, como una casa, cuadrada, y las gradas de atrás del Palacio, por supuesto, estaban vacías. 

         A las 00:13, se terminó el concierto.

         Compré una camiseta (3.000 pesetas) y salí con el póster que tuve conmigo todo el tiempo en el concierto, sano y salvo, (creía yo, pues entonces aún no lo había abierto). Sólo lo había visto allí fuera expuesto, antes de comprarlo.        

         Vendían también tazas negras con su nombre, en mayúsculas, escrito en dorado; pins; gorras que ponían “BOLTON”; camisetas con dibujo; con el nombre sólo en un bolsillo, (o en el lado izquierdo del pecho). La camiseta que yo compré era la más cara, y la más bonita; posters también vendían, (yo solamente vi el modelo de póster que yo compré); libros con la portada y contraportada del disco “The One Thing”, editados en 1.994, etcétera.


     No puedo concluir esta crónica sin reflejar aquí que este viaje a Madrid fue maravilloso. En primer lugar, porque pude ir a ver a Michael Bolton en sus primeros conciertos en España. Y, en segundo, porque me enteré de muchas cosas nuevas sobre él; comprobé que hay miles de personas que adoran su música, no sé si tanto como yo, porque no sé si eso será posible. Pasé un día inolvidable en Madrid; disfruté enormemente en el viaje de ida, así como en el de vuelta. Lo vi todo perfectamente y, en fin, ha sido un viaje inolvidable en todos los sentidos y doy Gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de ir.

Rocío Fernández

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